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Cuando la Investigación se convierte en herramienta de justicia intergeneracional, por Julián Garde, en La Tribuna de Albacete
05/05/2020
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Cuando la Investigación se convierte en herramienta de justicia intergeneracional, por Julián Garde, en La Tribuna de Albacete
05/05/2020

La emergencia sanitaria que vivimos ha puesto de manifiesto lo vulnerables que todavía son nuestras sociedades en pleno siglo XXI. Además, en estos días parece haber quedado claro el reconocimiento por parte de la ciudadanía de la importancia y posibilidades de la investigación e innovación para resolver la pandemia o las situaciones similares a las que podamos tener que enfrentarnos en el futuro.

Sinceramente creo que resultaría ofensivo recordar en este momento porque es importante invertir y apostar por la Investigación, el Desarrollo y la Innovación (I+D+i), ya sea a corto, medio o largo plazo. Por si quedaba alguna duda, la actual crisis sanitaria debería habernos servido ya, y para siempre, para concienciarnos de que una salud científica fuerte es fundamental para el bienestar y el progreso social de un país. Pienso que esta pandemia ha supuesto un punto de inflexión definitivo en la valoración qué de la ciencia hacen nuestros conciudadanos y los medios de comunicación, aunque no tengo claro que haya tenido el mismo efecto sobre nuestros gobernantes. Esto último, tendremos la oportunidad de comprobarlo próximamente.

En este momento, en el que aún no hemos superado por completo la crisis sanitaria, nos vamos a tener que enfrentar a otro gran reto, uno aún más complejo, y no de presente, sino de futuro; la reconstrucción social y económica de nuestro país. Desde hace tiempo deberíamos haber sido conscientes de que destinar recursos a I+D+i era, es y será la única palanca para invertir nuestro futuro. Sin embargo, no ha sido esta la dirección seguida por los gobiernos en los últimos tiempos. Durante los últimos diez años, hemos experimentado –con la crisis como realidad, pero también como falsa justificación– un grave deterioro de nuestro sistema de I+D+i. Otros países, que igualmente sufrieron la crisis económica, como Reino Unido y Alemania, apostaron radicalmente por lo contrario e invirtieron mucho más dinero público en Investigación.

La reconstrucción social y económica de nuestro país solo se afianzará y se convertirá en una realidad irreversible si se apoya en el desarrollo de lo que hoy definimos como Sociedad del Conocimiento. Ello requerirá que la investigación y la innovación sean indiscutiblemente dos de los ejes centrales de ese plan de reconstrucción estatal. Nuestros gobernantes deberían haber aprendido de esta crisis que el futuro es parte insoslayable de la solución a los retos del presente. Ahora más que nunca, el Gobierno debe otorgar máxima prioridad política a la Ciencia porque nos jugamos mucho, nos jugamos la reconstrucción del país y el modo y modelo de vida de las futuras generaciones. Debemos reconstruir nuestro futuro construyendo, a la vez, un sistema científico sólido, potente y perdurable. Y debería ser fácil llegar a un consenso. Aparentemente, nuestros gobernantes parecen haberlo entendido. En estos días, hemos tenido la oportunidad de escuchar a la mayoría de responsables políticos manifestarse sobre la importancia que la inversión en investigación, innovación y en tecnología tienen para nuestro país. No obstante, si alguno de ellos tuviera dudas, solo tiene que fijarse en las decisiones estratégicas adoptadas por nuestros abuelos en el pasado.

Mi padre nació en 1935 en un pueblo de la provincia de Cuenca, Castillo de Garcimuñoz. Mi abuelo, que tenía una pequeña taberna y había aprendido a escribir, a leer y a hacer cuentas durante su paso por el servicio militar, decidió que mi padre, el primogénito de sus tres hijos varones, debía estudiar en la Universidad. Mi padre estudió y se licenció en Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid, ya que en aquel momento no existía la Universidad de Castilla-La Mancha. El abuelo, con los conocimientos elementales mencionados, siempre entendió que la formación y la educación, y más aún la superior, constituían la base de la mejora social y económica de las familias, y los mejores instrumentos para luchar contra la discriminación, la desigualdad y la ignorancia. Por ello, no vaciló en sacrificar los ahorros familiares para dar estudios universitarios a mi padre con la esperanza de que años después, éste contribuyera a reconstruir el futuro de la familia. Desde su sencilla e intuitiva, pero notable inteligencia, mi abuelo fue capaz de asumir que invertir en conocimiento era la mejor forma de construir un destino nuevo para su familia. Sinceramente creo que acertó. 

Es indudable que los recursos son limitados y que establecer prioridades y tomar decisiones forma parte de las acciones de gobierno. Pero precisamente, es en épocas de crisis y de reconstrucción, como lo hacían nuestros antepasados, demostrando una enorme justicia y generosidad intergeneracionales, cuando más hay que apostar por la investigación y el conocimiento. De esta apuesta depende nuestro futuro. Futuro que, ahora, esta crisis nos va a dar la oportunidad de diseñar. Estamos a tiempo de evitar cometer viejos errores crónicos que nos llevaron a situaciones muy complejas en el pasado. Debemos priorizar lo estratégico sobre lo urgente. Quiero pensar que esta vez estamos preparados y cualificados para ganar el futuro por nosotros, pero especialmente por nuestros jóvenes. Nos vamos a enfrentar a una crisis única e irrepetible. Esperemos saber abordarla como corresponde para que la reflexión de Albert Einstein “la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos”, se cumpla también en nuestra situación. Para ello, investigación e innovación deben ser ejes prioritarios del modelo de reconstrucción social y económico de España.

 

José Julián Garde López-Brea

Catedrático de Universidad. ETSIAM. Universidad de Castilla-La Mancha

Académico de Número de las Reales Academias Nacionales de Ciencias Veterinarias y de Doctores de España.

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